Auto percibirse mujer, la estrategia de los hombres para no ser atropellados

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2019-04
España empieza a ser escenario de casos que hasta ahora no habían tenido ningún precedente judicial. Se trata de varones que se sienten mujeres y que exigen el trato que dispensa la ley LGTBI de la Comunidad de Madrid aprobada por la expresidenta Cristina Cifuentes para garantizarse los derechos legales que les corresponden.

La cuestión es que estos varones que se auto perciben de sexo femenino se han visto envueltos en divorcios con sus parejas (mujeres) en los que han sentido cómo las leyes y los procesos judiciales benefician a las féminas otorgando custodia completa a la madre, o bien obligando al padre a pasar una pensión mayor a los hijos a pesar de ganar menos que su expareja.

A esto se le suman aquellos que han sido discriminados por razón de género masculino (Ley de Violencia de Género) y denunciados falsamente sin obtener apoyo de los fiscales, que no actúan de oficio contra la mujer cuando los jueces dictaminan que el varón es inocente y la acusación ha sido un fraude. Ante la vulneración de derechos que los sitúan en desventaja legislativa con respecto a las mujeres, cientos de españoles han decidido estudiar a conciencia las leyes para llegar a una solución legal que está trayendo de cabeza a los jueces.

Percepción y género

Con la ley en la mano, nadie, actualmente, puede dudar de que un hombre con bigote y genitales masculinos que se declare mujer sea una señora. Si él así lo expresa, no tiene ni por qué acreditarlo. Si es su percepción, debe ser respetada, esté operado o no. Esto es lo que la ley Cifuentes aprobada en 2016 viene a constatar como verdad inalienable: Se garantiza el derecho de toda persona “a no ser discriminada por su identidad o expresión de género, reales o percibidas”, cita el artículo 1.

Esto quiere decir que durante un procedimiento judicial donde existe una pareja heterosexual imbuida en un litigio por la custodia de los niños, si el hombre se declara LGTBI en medio de todo el lío judicial, obligará a cambiar a los jueces y empezar desde cero, ya que ahora se enfrentarían a un caso de mujer contra mujer, y, aunque una de ellas tiene pelo en el pecho, ningún magistrado podrá dudar de sus sentimientos como hembra.

Si esto les parece de locos, cabe destacar que en España ya está pasando. Son las consecuencias de la ingeniería social que pretende legislar favoreciendo en función de la condición u orientación sexual de cada individuo. Si un juzgado pusiera en duda la autopercepción genital del litigante, el juez de turno podría ser denunciado inmediatamente por LGTIFobia y tendría las de perder. Veamos.

“Al hacerme LGTBI, todo cambió”

Pepa, (Pepe en su carné de identidad) cuenta a Libre Mercado cómo su exesposa quiso “exprimirlo económicamente” tras el divorcio. De hecho, a pesar de estar declarado en bancarrota tras arruinarse en plena crisis, Pepe -por aquel entonces- vio cómo se le imponía judicialmente una pensión que no podía pagar y lo estaba arruinando. Era uno de aquellos hombres mal divorciados, que además, recibía amenazas si no cumplía con las exigencias de su exmujer.

Pero Pepe (pseudónimo) encontró el subterfugio legal que haría cambiar el terreno de juego. “Declaré que me sentía mujer”, cuenta a este diario. A partir de este momento, relata que consiguió obtener defensa gratuita, un derecho que ampara a los LGTBI, independientemente de sus ingresos, y la pensión que tenía que transferir a su hijo fue rebajada teniendo en cuenta su situación económica.

Además, Pepe, hoy Pepa, describe cómo en el momento que confesó su nueva condición de mujer su demanda de rebaja de la pensión alimenticia y la custodia se aceleró en los juzgados, hasta el punto de llegar a resolverse a su favor en apenas tres meses. “La jueza instructora no podía pedirme que acreditara que era una mujer, ya que, según la ley Cifuentes, no se precisa de acreditación de médicos, psicólogos o peritos porque legalmente no tengo que demostrárselo”, aclara Pepa.

Cómo él/ella, otros hombres se han visto abocados a acudir a esta salida de género. Entre ellos, un empresario español, el cual se hizo el carné de LGTBI porque su empleada heterosexual alegó que la había despedido por LGTfobia aconsejada por su abogada. “Ella quería que la indemnización fuera mayor y alegó que era lesbiana y que yo la había echado de la empresa por eso. Sin embargo, está casada y tiene hijos.”, pero como el juez no debe pedirle acreditación de su condición sexual, pues se encontró con un problema.

Sin embargo, al declararse él también miembro del colectivo, el juez no encontró indicios de homofobia y el despido que tuvo que pagarle estuvo exento de esta discriminación, relata la pareja del directivo, quienes también prefieren permanecer en el anonimato.

Otro de los casos ha sido el de un bombero varón que fue denunciado hace siete años por su esposa por maltrato psicológico. El hombre se ha sometido a una operación de cambio de sexo y actualmente es una mujer. El juicio aún no se ha resuelto y esto ha abierto un gran debate en el seno del Poder Judicial. “No se le puede enjuiciar a través de los juzgados de violencia de género, ya que ahora es una mujer”, declara su abogado defensor Iñigo Urien Azpitarte, informa El Confidencial. Durante este tiempo, el acusado fue diagnosticado con disforia de género. Ahora, en el Registro Civil consta con sexo femenino.

Al estrenar nuevo sexo, este bombero asturiano, ahora bombera, ha puesto en jaque a los jueces encargados de su caso. Son las consecuencias de tener leyes que discriminan por razón de sexo, como ocurre con la ley de Violencia de Género, criticada en innumerables ocasiones por expertos, jueces, abogados y partidos políticos como Vox.

Delincuentes “transgénero”

También se producen historias hilarantes en otros países, como Reino Unido. En Inglaterra, el violador Karen White estaba en detención preventiva por haber cometido tres violaciones cuando era un hombre y se llamaba Stephen Wood. Fue recluido en la prisión de varones y cuando llevaba un año y medio de condena declaró que se sentía mujer y fue trasladado a la cárcel femenina.

El resultado fue nefasto para las compañeras de celda. Pocos días después, Karen abusó sexualmente de cuatro presas. Fue denunciado por ellas por acoso, tocamientos indebidos, exhibición de sus genitales y comentarios inapropiados sobre sexo oral, según publicó la BBC.

A colación de estos hechos, la cadena pública británica realizó una investigación que determinó que de 125 transgéneros de las cárceles de Reino Unido, 60 eran criminales sexuales y todos habían solicitado la inclusión en las prisiones femeninas. Qué casualidad. En Canadá, por otro lado, autopercibirse como mujer viene siendo ya una práctica habitual por muchos varones para obtener beneficios fiscales y tributar menos a Hacienda. Hecha la ley, hecha la trampa.

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