Así oran a San José las hermanas Carmelitas

Gaudium press

 

El 19 de marzo se celebra la solemnidad de San José, fecha para recordar una especial devoción que tienen las hermanas de la Orden del Carmelo Descalzo en torno al padre adoptivo del Niño Jesús.

No hay convento carmelita que no tenga bajo su patrocinio al gran taumaturgo y patrono de la Iglesia universal; esto gracias a la devoción que Santa Teresa de Ávila, reformadora de la Orden, tenía a San José. Prueba de ello es que cada fundación que realizó la confió al cuidado del esposo de María Santísima.

La propia Teresa de Jesús decía: “No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así del cuerpo como del alma; que a otros santos parece les dio el Señor la gracia para socorrer en una necesidad; a este glorioso santo, tengo experiencia que socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a entender, que así como le fue sujeto en la tierra (…), así en el Cielo hace cuánto le pide”.

Incluso, en el Monasterio de la Encarnación de Ávila, donde la santa y mística permaneció por más de 30 años, Santa Teresa tenía una imagen muy especial de San José, que hoy se le conoce como “San José el Parlero”, a la que ella oraba y le pedía que le contase todo lo que sucediese en el convento, en el cual fue su priora por varios años.

De ahí que en los conventos y en los templos donde hay presencia de las hermanas carmelitas se acojan los pedidos de oración de los fieles y se encomienden tales intenciones a San José. Como ocurre en el Carmelo de San Carlos de Bariloche, donde las religiosas, tras la eucaristía y a través de las rejas de la clausura, reciban las plegarias y entregan a los feligreses una oración al padre adoptivo de Jesús. Dicha oración se realiza durante 30 días seguidos en honor a los 30 años que pasó el santo custodiando a la familia de Nazaret.

Así dice la oración:

Durante treinta años cuidaste, celosa y amorosamente al Hijo de Dios, por eso ahora, por treinta días, te pediré que ese mismo cuidado lo tengas por mí.

Te lo pido por la infinita bondad del Padre, que quiso que su Hijo naciera y creciera de familia humana.

Te lo pido por el dolor que sentiste cuando, tentado en la esperanza, quisiste abandonar a María, nuestra Madre del Cielo.

Te lo pido por la angustia que sentiste al llevar a tu Esposa, Sagrario de Dios en la Tierra, a dar a luz en un pesebre.

Te lo pido por el temor confiado que pasó por tu corazón cuando el Niño Jesús fue sentenciado a muerte.

Te lo pido por la preocupación y perplejidad con que fuiste amorosamente buscando, durante tres días, a Jesús que estaba enseñando en el Templo.

Te lo pido por la confianza desasida en el Padre, cuando mirabas las manos que trabajaban la madera y un día serían atravesadas por el clavo.

Te lo pido por esos momentos dulces e imborrables, en los que tu Hijo adoptivo te abrazaba buscando tu cariño paternal.

Te lo pido por tu sereno caminar hacia el Cielo, donde esperaste la llegada de María y Jesús.

Te lo pido por tu alegría infinita al ver a tu Hijo adoptivo sentado en la Gloria de Dios.

Querido padre san José: Seguro de ser escuchado por tu amor por nosotros, dejo en tu corazón, lleno de esperanza para que presentes a tu Hijo esta Gracia que necesito. Te pido que escuches las oraciones de todos cuantos me han pedido que rece por ellos y dales todo lo que necesitan y les conviene. Querido padre san José, ruega para que cada uno de nosotros seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *