Año jubilar por la Batalla de Lepanto: “el enemigo se ha hecho presente en la Iglesia”

InfoVaticana

El próximo 7 de octubre de 2021 se cumplen 450 años de la batalla de Lepanto, que enfrentó a gran parte de la Cristiandad con el Imperio Otomano. La Liga Santa estaba capitaneada por Juan de Austria, a quien Felipe II puso como mentor a Luis de Requesens, Comendador mayor de Castilla en la Orden de Santiago, cuya sede estaba en Villarejo de Salvanés, pueblo de la diócesis de Alcalá de Henares.

Tras la victoria cristiana el 7 de octubre de 1571, el Papa san Pío V ordenó que todos los 7 de octubre se hiciese una fiesta en acción de gracias en memoria de “Nuestra Señora de la Victoria. En 1573, el Papa Gregorio XIII determinó que esa fiesta se celebrase como fiesta del Santo Rosario.

El citado mentor de Juan de Austria, agradecido por la victoria, erigió un convento en Villarejo de Salvanés que albergaría una imagen de la Virgen del Rosario, aclamada también como Virgen de la Victoria.

Esto ha sido uno de los motivos por los que el obispo de esa diócesis, Juan Antonio Reig Pla, ha anunciado un Jubileo para celebrar el 450 aniversario de esta batalla, algo que acontecerá el 7 de octubre de 2021.

“Con motivo de esta efeméride, hemos solicitado a la Sagrada Penitenciaría de Roma un Año Jubilar que nos ayude a volver la mirada a la Virgen de la Victoria buscando su intercesión y para actualizar y propagar entre los fieles, también los niños, las familias y las parroquias el rezo del Santo Rosario privada y públicamente”, escribe Reig Pla en una extensa carta.

El prelado anunció que este Año Jubilar se extenderá desde el primer domingo de adviento de 2020 hasta la fiesta de Cristo Rey de 2021. “En todo este año la Imagen de la Virgen del Rosario y su convento en Villarejo de Salvanés serán designados como lugares de peregrinación y de oración en comunión con las imágenes del Rosario diseminadas en toda la diócesis”, señala el obispo de Alcalá.

En la carta, que se puede leer aquí, Reig Pla explica que el contexto en el que vivimos nosotros “es muy diferente” al que se vivió en el siglo XVI. “Sin embargo, este acontecimiento nos puede servir para profundizar en nuestra situación actual y para ser conscientes del combate que supone la vida cristiana”, explica.

“Como entonces ocurrió, los cristianos no estamos unidos, ni siquiera en el seno de la Iglesia Católica. Este es un motivo que nos debe invitar a la oración y a formar, unidos a Pedro, una liga santa de almas orantes invocando a María con el rezo del Santo Rosario y suplicando su intercesión”, sostiene el prelado.

En el siglo XVI el enemigo de la civilización cristiana era el Imperio Otomano pero hoy el enemigo “está más diluido e incluso se ha hecho presente en el seno de la Iglesia”, afirma el obispo. “Hoy los ataques no se sitúan en un territorio concreto, sino que han penetrado en el interior de las almas. Se trata de una situación, la nuestra, en la que se prescinde de Dios y se pretende “deconstruir” la persona humana, la familia, la educación y el sentido cristiano de la vida social y política”, alerta el obispo.

Reig Pla afirma que para afrontar esta situación “debemos conocer bien al enemigo y saber cuáles son sus tácticas y estrategias”.

“Hoy estamos ante una batalla cultural que, desde siglos, ha ido perfilando sus principios y sus dogmas. Más allá del marxismo o del liberalismo, de la ideología de género y sus consecuencias, la lucha se articula como una guerra desarrollada por los poderosos contra los débiles”, asegura el prelado.

También nosotros, dice Reig Pla, como ocurriera en el siglo XVI con la batalla de Lepanto, “necesitamos la voz de Pedro que nos invite a servirnos de los auxilios divinos para salir victoriosos en la batalla”. “Del mismo modo que el Cristo de Lepanto presidía la nave capitana, todo nuestro combate cristiano contra los enemigos exteriores (ideologías, manipulaciones, tentaciones, etc.), así como contra los enemigos interiores (pecados capitales, intereses inconfesables, hedonismo, egoísmo, etc.), tiene que estar presidido por la persona de Cristo y la fuerza de su Gracia”, explica el obispo de Alcalá de Henares.

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