Aldeastérix

Fuente: Jorge Gonzalez Guadalix – InfoCatólica

 

He sido fidelísimo lector de Astérix. Disculpen esta pequeña debilidad. Posiblemente me hubiera sido más provechoso dedicar ese tiempo a leer las sesudas reflexiones del P. Agúndez, repasar la suma teológica de santo Tomás o meditar sobre el fin de la vida según san Alfonso María de Ligorio. Lo sé. Es un pecado que me perseguirá un ratito. Tampoco vamos a andar exagerando.

De todos los personajes saco provecho. Hasta del bueno de Ideafix, que estoy convencido de que se llevaría con Socio estupendamente. Me gustaría conocer el nombrer de la aldea. No hay forma ni recurriendo a la wikipedia, que ya es recurrir.Por eso la he renombrado como Aldeastérix. Mis disculpas por el atrevimiento.

Aldeastérix. ¿Y si les digo que me resulta sugerente la idea?

Tiempos recios los que nos toca vivir. Por lo sanitario, por lo civil y por lo eclesiástico.

Sobre el virus, lo más seguro es que quién sabe. Desde el doctor o pseudodoctor o lo que sea Simón hasta el último mono, seguimos sin tener las ideas claras, o mejor, las tenemos muy oscuras. El bicho por ahí está, va y viene y lo que es claro es que cuanto menos nos movamos, mejor.

Lo civil ya vemos cómo anda. ¿Necesito decir más de la situación política y económica? Directamente al guano.

Tampoco están las cosas especialmente claras por lo eclesiástico. Como se te ocurra mirar un poco cómo andan las cosas acabas hecho un completo lío.

En mis pueblos las cosas son más sencillas. Los alcaldes son normales, lo cual es realmente extraordinario. Tan normales que se creen la constitución y respetan las leyes. Perfectos no, como su párroco, pero dentro de lo corriente. El virus está más o menos controlado y no está dejando especiales estragos. Y por lo eclesiástico somos gente de lo de siempre, de los que rezan el rosario, viacrucis en cuaresma, eucaristía según el misal, novena si toca y procesión con la patrona.

Lo realmente interesante es que mucha gente me dice que somos algo inusual. Leche. Pero si somos más corrientitos que el calor en verano y la gota fría en septiembre. Más simples que un botijo. Más previsibles que un anuncio de turrón en octubre. A ver si ahora va a resultar que lo simple de toda la vida es la cosa más extraordinaria. El mundo al revés.

Por eso no sería de extrañar una invasión de especímenes, de físico humano e interior semoviente, dispuestos a acabar con la normalidad en aras de una nueva normalidad tejida de “serán como mucho dos o tres casos», “la democracia total” y “una nueva iglesia en salida no proselitista». Miedo me da.

Por eso reivindico mi derecho a vivir tranquilo en Aldeastérix, con la gente de siempre, nuestras cosas de toda la vida, alcaldes corrientitos, catecismo básico, misa, sermón, rosario y exposición. Estoy entrenando a Socio para que, sin perder su innata simpatía, en caso de necesidad apunte a la canilla. Será definitivo.

Estamos tranquilos y en paz. Nuestro único miedo es que un día caiga el cielo sobre nuestras cabezas, pero como dice el bueno de Abraracúrcix, tampoco tiene que ser mañana.

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