A ver qué haces

Fuente: Jorge Gonzalez / InfoCatólica

 

Uno de los objetivos de este blog es ofrecer a mis lectores las mismas cosas, pero vistas desde el otro lado del altar, y ya les digo yo que no todo es tan sencillo. Voy a poner dos ejemplos sacados de cosas que e han pasado y siguen pasando en el ritual de exequias.

Domingo del Domund. Perfecto. Pero mira por dónde, apenas unos minutos antes de la misa te aparece una familia con una urna que contiene las cenizas del esposo y padre. Y te dicen que han quedado con el encargado del cementerio para depositar las cenizas en un columbario y te piden el favor de que apliques esa misa por el difunto y depositar la urna delante del altar en la misa. ¿Qué haces? Hay una solución sencilla: es domingo, es la misa parroquial, tengo obligación de ofrecerla “pro populo”, por tanto, no por su difunto. Así que lo siento, pero es lo que hay.

Cualquier misa de corpore insepulto. El ritual tiene previsto que algún familiar, al terminar la celebración, pueda dirigir unas palabras agradeciendo la compañía de la gente y la oración. Nada más. Lo imprevisto, pero cada vez más habitual, es escuchar las palabras del hijo, nieto, amigo, vecino o lo que sea que desean dedicar unas palabras algo así como de homenaje al fallecido. La solución sencilla es decir que eso no está previsto en el ritual y que no puede hacerse.

Vistos los ejemplos, ahora se ponen ustedes en mi pellejo.

Ya les digo la solución que ofrecí en los dos casos. En el primero, decir a la gente en la monición de entrada que somos comunidad que vive y celebra en medio de su vida y que a la eucaristía de ese domingo se incorporaba el dolor de la familia Tal, y que pediríamos por el fallecido. Una mención en la homilía y citar el nombre en el memento de difuntos. Esa semana la misa pro populo la celebré al día siguiente.

Y en el caso de familiares o amigos que desean leer algo en la misa o funeral de su ser querido, les digo que bueno, pero que procuren sea una cosa cortita, y suelen hacerme caso.

Esto es el día a día de la vida pastoral.

Supongo que muchos de mis lectores me acusarán de blando, de timorato y de no luchar contra determinados vicios en la liturgia. Puede ser, y no lo niego. Pero los años te enseñan que mejor es ir poco a poco, y que lo que no tiene sentido es andar de enfrentamiento en enfrentamiento con la gente de tu pueblo. Mejor es siempre mostrarte acogedor, especialmente en momentos de dolor, y dejar en las familias un buen sabor de boca de cómo se portó el señor cura cuando lo de la abuela. En esos momentos de dolor una buena acogida deja un buen recuerdo para siempre. Un error, una mal llevada imposición, enemistades para siempre también.

Luego hay otro problema, y es que es difícil tratar de hacer las cosas correctamente cuando cada cual hace lo que le viene en gana y, como repito y repito, nunca pasa nada. Y la gente te lo echa en cara: ¿por qué usted no me dejó leer una cosa cuando murió mi padre? Porque en el pueblo de al lado todo lo contrario. Ya eres el malo.

O te dicen: no entiendo por qué en el credo no nos deja cantar el credo de la misa campesina nicaragüense, verbi gratia, cuando en parroquias de aquí al lado lo hacen. Y claro, te muertes la lengua para no decir que está prohibido sustituir el texto del credo por un creo “libre” y que el problema es de los curas de al lado y de quienes se lo consienten. Lo que pasa es que si dices eso corres el riesgo de que encima te tiren de las orejas por mostrar lo obvio.

Por eso el título del post: ¿a ver qué haces? En una parroquia de párrocos les quería ver yo con una Rafaela, una Joaquina y un señor Manolo delante pidiendo una cosa y otros exigiendo lo contrario a la vez que desde arriba te dicen que tranquilo…

Alguna vez he pedido normas claras y que se exija su cumplimiento por todos y sanciones a quien no lo haga. Vamos, lo que mucha gente pide que se haga con Torra y la Generalidad catalana, pero en la Iglesia.

Como si estuvieras hablando con Pedro Sánchez.

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